Las fobias están caracterizadas como un miedo extremo y reacciones de ansiedad a diferentes estímulos. Cuando nos sentimos amenzados o nos exponemos a situaciones de alerta, nuestro cuerpo siempre va a reaccionar de manera ansiosa. Básicamente es una forma de prepararnos para huir o atacar. Sin embargo, existen estímulos que no son peligrosos, pero nuestro cuerpo y mente piensa que sí lo son. Estas reacciones son muy normales y saber como gestionarlas es muy importante. Entre las fobias comunes que aparecen en la infancia son: el miedo a los animales, los insectos, la sangre, los médicos, las alturas, los espacios cerrados, quedarse solo, y a la oscuridad. En los niños o adolescentes, el miedo identificado debe durar por lo menos 6 meses para que se considere una fobia en lugar de un miedo temporal. Los investigadores explican que tanto los factores genéricos como los del entorno contribuyen a la aparición de estas. Se han relacionado con un primer encuentro que provocó miedo con el objeto o la situación que causan la fobia.
Entre los síntomas que se presentan en los niños o adolescentes ante una fobia, se destacan los siguientes: Aumento de la frecuencia cardíaca, sudor, temblores o estremecimientos, dificultad para respirar, dolor o molestias en el pecho, estómago revuelto, sensación de mareo o debilidad, entumecimiento, escalofríos o sofocos. En un ataque de pánico, por lo menos 4 de los síntomas mencionados deben aparecer con o sin una causa conocida e identificable. En el caso de que te encuentres en la posicion de querer ayudar a un niño/a con miedos, una manera de hacerlo es acercarlo poco a poco a las estrategias que tenemos los adultos, siendo capaces de notar que algo nos da temor pero no prestarle mucha atención y “vencer” dicho miedo. Básicamente la superación de las fobias, consiste en exponernos a las situaciones que tenemos a pesar del miedo que nos generan. Cuando nos exponemos de manera continua y reiterada, el cuerpo empieza a habituarse, además de darnos cuenta de que no hay peligro alguno. Al hacer y sentir todo esto, conseguimos el “se nos ha quitado” el miedo.
Sabemos que exponer a un niño ante sus miedos, no es tarea fácil. Por eso te dejamos los siguientes consejos:
1. Ayudarles a reconocer el miedo
Hablar con ellos de manera calmada y explicarles que todos tenemos miedo, que es una reacción normal. Ayudarles a identificar lo que el miedo hace sentir y qué zonas del cuerpo se activan. Podemos guiarlos a que nos expliquen en qué partes del cuerpo lo sienten (para identificar la emoción) y qué pensamientos van asociados a lo que les da miedo (puede que estos sean exagerados).
En ocasiones se puede pedirles a los niños que dibujen el miedo en un papel con la finalidad de identificarlo y entenderlo como una emoción.

2. Motivarlos a enfrentarse a sus miedos
Acercarlos de a poco a las situaciones donde tienen miedo y explicarles que vamos a enfrentarlas juntos para “vencer” dicho miedo. Tenemos que potenciar situaciones donde se den las características que les dan miedo y ayudarlos a afrontarlas. Para ellos será como una misión o reto que podrá ayudar a motivarlos a enfrentarse a las situaciones conflictivas de una manera más atractiva.
3. Ser ejemplo para ellos
Si nosotros mostramos una actitud valiente con las cosas que nos dan miedo seremos un buen modelo para los pequeños. Es importante decirles y mostrarles que nosotros también tenemos miedo y, a pesar de ello continuamos con nuestras actividades y no dejamos que el miedo nos gane. No solo hay que decirlo, si no que tienen que presenciar momentos donde lo pongamos en práctica.
4. Buscar ayuda de un especialista
Si el miedo persiste o el pequeño está muy cerrado a vencerlo, consulte con un psicólogo infantil. Nos podrán ayudar a analizar mejor la situación y encontrar claves importantes para ayudar al niño/a a superar sus fobias, además de trabajar más aspectos que puedan estar relacionados.
Por último, recuerda que si aquel miedo lo pasamos por alto o no tratamos de ayudar a los pequeños a vencerlo, este puede ir creciendo con ellos y probablemente se dificultará el proceso a medida que esto se da. También debemos tener claro que la exposición a los miedos es de forma gradual y constante. Como padres de familia, tenemos que respetar su espacio y no castigarlos u obligarlos a realizar actividades que se les complique demasiado y puedan afectar su salud mental.
